Lo mismo te echo de menos, lo mismo que antes te echaba de más…
Malditas costumbres… Cuando llego a casa siempre hago lo mismo: saludo a mi perro, entro en la habitación, dejo las llaves y el bolso en la cama, enchufo el ordenador mientras me quito el abrigo, pongo música, recojo las cuatro o cinco cosas que me haya dejado por la mañana por en medio y me siento frente al ordenador mientras picoteo algo. Hoy mi costumbre se resumió a llegar, saludar a mi perro, dejar la maleta, una ducha rápida, coger la ropa del trabajo y salir pitando. Tenía 15 minutos para todo eso, pero ahí estaba mi salvador que hizo que no tuviera que morir en el intento.
Ahora acabo de llegar del trabajo, cansada y sin ganas de organizar todo lo que tengo por en medio. Porque si hay algo que odie es deshacer la maleta tras un viaje. Más que nada porque meto cuatro mil cosas, ya sabéis, soy la de los por si… por si llueve, por si nieva, por si hace calor... Total, que aquí estoy entre mi desorden. Mi primer desorden de 2008, entre el cual, como no, te encuentras tú.
“Dos mil ocho…” he pensado. Mientras iba en el coche de vuelta a casa pensé en lo rapidísimo que se me ha pasado 2007. Y con mil cosas por en medio. No hice balance del año, porque siempre acaba entrandome la nostalgia, y paso de empezar el año así, que para eso ya hay días. Tampoco me he puesto nuevos propósitos, aunque para la gente casi siempre siguen siendo los mismos, porque si por algo se caracterizan los propósitos de nuevo año es que en su gran mayoría (casi) nunca se cumplen. Yo los propósitos me los reservo para mi cumpleaños, que me gusta más y es algo más personal. Pero la cuestión es que cuando empieza un nuevo año, parece que empiezas una nueva vida. Aunque siga igual. Con la misma gente, el mismo trabajo, las mismas ganas o desganas, con el mismo echar de menos… Te pones a pensar (y desear) que esta vez ciertas cosas salgan mejor.
Pero sin propósitos ni balances, lo que si que tiene 2008 es que es un número bonito, para el que hay muchos planes a corto plazo y que, por cosas de la vida, me recuerda demasiado a ti. Aunque esto último no sepa aún si es demasiado bueno…
Audio: Kiko Veneno: Te echo de menos
Ahora acabo de llegar del trabajo, cansada y sin ganas de organizar todo lo que tengo por en medio. Porque si hay algo que odie es deshacer la maleta tras un viaje. Más que nada porque meto cuatro mil cosas, ya sabéis, soy la de los por si… por si llueve, por si nieva, por si hace calor... Total, que aquí estoy entre mi desorden. Mi primer desorden de 2008, entre el cual, como no, te encuentras tú.
“Dos mil ocho…” he pensado. Mientras iba en el coche de vuelta a casa pensé en lo rapidísimo que se me ha pasado 2007. Y con mil cosas por en medio. No hice balance del año, porque siempre acaba entrandome la nostalgia, y paso de empezar el año así, que para eso ya hay días. Tampoco me he puesto nuevos propósitos, aunque para la gente casi siempre siguen siendo los mismos, porque si por algo se caracterizan los propósitos de nuevo año es que en su gran mayoría (casi) nunca se cumplen. Yo los propósitos me los reservo para mi cumpleaños, que me gusta más y es algo más personal. Pero la cuestión es que cuando empieza un nuevo año, parece que empiezas una nueva vida. Aunque siga igual. Con la misma gente, el mismo trabajo, las mismas ganas o desganas, con el mismo echar de menos… Te pones a pensar (y desear) que esta vez ciertas cosas salgan mejor.
Pero sin propósitos ni balances, lo que si que tiene 2008 es que es un número bonito, para el que hay muchos planes a corto plazo y que, por cosas de la vida, me recuerda demasiado a ti. Aunque esto último no sepa aún si es demasiado bueno…
Audio: Kiko Veneno: Te echo de menos
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