31 de marzo de 2008

Segunda estrella

Quiéreme si te atreves es de esas películas que después de verla te deja un sabor extraño, contradictorio. En un principio, el sabor dulce de las cosas bonitas, de los besos, de los juegos, del querer sin decirlo, pero buscando otras maneras de hacerlo… Por otra parte, lo amargo de las oportunidades perdidas, del sentimiento de no manejar todo aquello que ocurre a nuestro alrededor, o que se nos va de las manos.

“¿Te atreves?” “Me atrevo”. Esa es su manera de quererse. Arriesgar, ponerse pruebas que van mucho más allá de demostrar quién es más valiente, ridiculizar todo aquello que quieren ocultar, ir en contra de las normas, de lo políticamente correcto, reírse, hacerse daño… Son capaces de todo menos de reconocer, tal cual, que se quieren. Cada vez que se retan, que se dicen me atrevo, se están diciendo “te quiero”.

Es el vivo reflejo de la vida. Es el querer embalsamar los bonitos momentos y darle al “forward” para que los más feos pasen rápido. Es mucho más que un juego, es mucho más que el amor. Es como nosotros, que reímos, que jugamos, que confiamos… que nos atrevemos.

Hay veces en las que las películas no te dicen nada, ni la música, ni la gente, ni tú misma… Y joder, otras en las que hasta una puñetera sintonía la encajas en cualquier momento de tu vida. Esto no para de pasarme ahora. En estos mismos momentos. Podría recrear nuestra historia con canciones de Los Piratas y de Iván… aunque eso, eso ha pasado siempre.

Intentaré llegar dónde te escondes, al lugar habitado por los niños perdidos. Te seguiré, porque creo que en el fondo hay algo. Me dieron las directrices de girar la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer. Espero encontrarte, confío en ti…

¿Te atreves? Me atrevo…

Audio: Los Piratas – Si tu

28 de marzo de 2008

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata,
cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo,
o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más,
tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

El desayuno de Luis Alberto de Cuenca.

Audio: Los Planetas - De viaje

22 de marzo de 2008

Rojo

No hay cosa mejor que estar a solas, en casa, recién duchada, con esa sensación de comodidad y tranquilidad, con mi pijama limpio, y rojo, con unas gotitas de perfume y las sábanas recién puestas… Adoro esa sensación. La sensación de meterme en la cama, tras una ducha calentita, con el pijama y las sábanas limpias. Y sin calcetines, por supuesto. Odio dormir con calcetines. Da igual que sea invierno, y que hasta las ventanas se congelen. Me gusta sentir los pies fresquitos, que no helados, y calentarlos poco a poco con el roce de las sábanas.

No hay cosa peor que estar a solas, en casa, recién duchada, con esa sensación de comodidad y tranquilidad, con los pies helados… y sin ti.


Audio: Amaro Ferreiro – Días sin

17 de marzo de 2008

Incongruencia

En la vida hay etapas en la que todo pasa desapercibido. La música no te atrapa, los amores son fugaces y no te apetece más que leer y dormir a solas. Muchas veces, esas etapas se convierten en algo tan repetitivo que hasta no recuerdas la última vez que te emocionaste con una canción, con un amor, o la vez que durmiendo te abrazaste a él buscando algo de calor. Otras veces, no son más que un punto de inflexión después de una alterada etapa. Punto de inflexión necesario para recuperar las fuerzas y disfrutar como yo lo hice el sábado. Por cosas sucedidas que no tiene importancia comentarlas aquí ya que no fue lo más grande de la noche, me di cuenta que en cierta parte sí es verdad aquello de que hay cosas que nunca cambian. Ni las intenciones, ni los ánimos, ni el saber hacer las cosas bien… o mal. Pasan las etapas, cambian los gustos, los ánimos, las relaciones… Muchas veces somos concientes de ello, otras, por el contrario, pasa desapercibido debido a tu momento de escondite personal.


La cuestión es que yo, después de mi momento de desaparición, he retomado mi etapa alterada donde las canciones me atrapan y me apetece hacer algo más que leer y dormir a solas. Donde parece que mi vida se mueve al ritmo de Jet lag. Donde lo de los amores fugaces ya no tiene importancia desde el momento en el que me di cuenta que sólo tú me harías desear abrazar a alguien a media noche. Y es que juntamos otra vez tu juego y mi razón, mi juego y tu razón…


Audio: Iván Ferreiro – Jet Lag

8 de marzo de 2008

Viernes loco... y tú

Que sea una amante de las pequeñas cosas no es nuevo. Cada día que pasa me doy cuenta que soy más y más adicta. Y es que es increíble como una mínima cosa puede hacer que después de un día desastroso acabes con una sonrisa enorme en la cara y disfrutando de ese pequeño gesto, llamada, canción o situación que lo haya vuelto todo del revés. Incluso olvidas todo lo anterior.

Es como cuando llevas veinte minutos buscando aparcamiento como una descosida a las dos de la mañana, y a la décima vuelta, alrededor de tres manzanas, encuentras un maravilloso aparcamiento justo enfrente de tu casa. Acabas acostándote con una sensación de tranquilidad enorme, y parece que hasta olvidas los veinte minutos de desesperación. O cuando estás esperando que una cola interminable de coches se acabe para poder incorporarte tú a esa calle y no hay manera de entrar. De repente, un alma caritativa en forma de chico joven (algo feíco, pero majo, porque si te deja pasar ya es un feo-majo) te mira desde su coche y te hace un pequeño gesto seguido de una sonrisita para dejarte pasar, aunque hayan millones de conductores desesperados detrás suya que quieran castrarlo. Y piensas en lo buena gente que es, aunque haya matado a tres personas, dos perros y un pez. Te ha dejado pasar, y si lo ha hecho es que es buena gente. Y ese es otro tema importante. Si de algo me he dado cuenta en mi hazaña como “nueva” conductora es que la gente es muy cabrona. Y digo la gente porque yo aún mantengo ese respeto a permitir que se incorporen al salir de un aparcamiento cuando hay un tráfico horrible, a dejar pasar a las abuelitas (y a los chicos guapos), a no joder si se quieren cambiar de carril… y un sinfín de malas acciones que uno, parece ser, va cogiendo con los años y con la supuesta experiencia. Y es que en la carretera parece que si se puede joder, mejor. Pero bueno, que me desvío y este era otro tema.

La cuestión es que esas pequeñas cosas de las que hablaba te hacen llevar una sonrisa puesta todo lo que queda de día, te arreglan otros desastrosos o, simplemente, te hacen ser un poquito más feliz. Y es que ayer, después de arrastrar un maldito dolor de cabeza que me oprimía el cerebro, de seguir arrastrando las consecuencias de que se amorren contra mi coche y después de dar dos mil vueltas con mi coche-cassette… me coronaste el día. Sin más. Y es que el factor sorpresa tiene mucho peso en las pequeñas cosas. Me dejaste con esa sensación de que tú y yo seguimos formando parte de lo mismo. Y es que aún hoy, después de tanto vivido (como tú dices), esas pequeñas cosas nos hacen sentir que todo sigue igual… Y eso, para nosotros, es una muy buena señal... además de nuestro asunto pendiente.

Audio: Ben Lee - Love me like the world is ending

3 de marzo de 2008

Asuntos pendientes

Es difícil explicar porque siempre sentí atracción por aquellos que no supieron darme más que lo que les sobraban. Soy como un trozo de plastilina roja, llena de huellas y marcas por todos aquellos que pasan por mi lado. Nunca supe bien porque en (casi) todo lo que hago me exprimo hasta el final. Sobre todo por aquello que no merecía que lo hiciera. Vuelve a repetirme aquello de “quiero que sólo tengas mucho tiempo para mí, y poco tiempo para los demás…” y me adaptaré a todos los recovecos de tu cuerpo.

Estoy aquí, aunque tú no me puedas ver. Gritando al viento todo aquello que nunca te dije. Esperando que una tarde de diciembre y lluvia nos vuelva a unir. Negando todo lo que tengo, si con ello puedo volver a tenerte cerca. Sin importar el complemento circunstancial de modo. Negándote en cada conversación con cualquier desconocido y echándote de menos todas las noches. Intentando recordar aquel paseo entre las sábanas y aquellas noches en tu “matadero clandestino”.

Hoy encontré algo tuyo de hace años. Andaba perdido entre mis recuerdos y algo más material. Me ha emocionado tanto que me han temblado hasta las pestañas…

...

Estoy acurrucado en el fondo de la habitación, como una pelota en la esquina de un cuarto. Me sujeto las piernas con mis manos, no quiero que ocupen más allá de una baldosa, quiero ser tan pequeño como un terrón de azúcar. Sólo visto un pantalón azul–hospital, entono algo que escuchas más lejos de donde estoy, como si detrás de la pared hubiera alguien susurrándome al oído. Tengo los ojos abiertos pero perdidos en el suelo, buscando la orilla de la habitación, la orilla o algo que flote para agarrarme. Quiero estar así para que el día que me encuentres escondido en el rincón te den tantas ganas de jugar conmigo que no puedas más que respirar junto a mí. Pasarás un mes al lado mío, sintiendo que ya no eres tan libre como antes pero sabiendo que estás cada día un poco más cerca de mí y de mi propio mundo. Cuando consigas tararear todas las canciones que te enseñe estarás tan atrapada a mi lado que, cuando busques una salida para tomar algo de aire, sólo encontrarás mis labios y el conducto a mis pulmones. Podrás sumergirte en mis dedos, tocar las yemas y sentir que puedes dormir en ellas, jugarás al escondite entre mis párpados y te buscaré escondida en las arterias que llevan a mi corazón.

...

Audio: Antony and The Johnsons - What can I do