8 de marzo de 2008

Viernes loco... y tú

Que sea una amante de las pequeñas cosas no es nuevo. Cada día que pasa me doy cuenta que soy más y más adicta. Y es que es increíble como una mínima cosa puede hacer que después de un día desastroso acabes con una sonrisa enorme en la cara y disfrutando de ese pequeño gesto, llamada, canción o situación que lo haya vuelto todo del revés. Incluso olvidas todo lo anterior.

Es como cuando llevas veinte minutos buscando aparcamiento como una descosida a las dos de la mañana, y a la décima vuelta, alrededor de tres manzanas, encuentras un maravilloso aparcamiento justo enfrente de tu casa. Acabas acostándote con una sensación de tranquilidad enorme, y parece que hasta olvidas los veinte minutos de desesperación. O cuando estás esperando que una cola interminable de coches se acabe para poder incorporarte tú a esa calle y no hay manera de entrar. De repente, un alma caritativa en forma de chico joven (algo feíco, pero majo, porque si te deja pasar ya es un feo-majo) te mira desde su coche y te hace un pequeño gesto seguido de una sonrisita para dejarte pasar, aunque hayan millones de conductores desesperados detrás suya que quieran castrarlo. Y piensas en lo buena gente que es, aunque haya matado a tres personas, dos perros y un pez. Te ha dejado pasar, y si lo ha hecho es que es buena gente. Y ese es otro tema importante. Si de algo me he dado cuenta en mi hazaña como “nueva” conductora es que la gente es muy cabrona. Y digo la gente porque yo aún mantengo ese respeto a permitir que se incorporen al salir de un aparcamiento cuando hay un tráfico horrible, a dejar pasar a las abuelitas (y a los chicos guapos), a no joder si se quieren cambiar de carril… y un sinfín de malas acciones que uno, parece ser, va cogiendo con los años y con la supuesta experiencia. Y es que en la carretera parece que si se puede joder, mejor. Pero bueno, que me desvío y este era otro tema.

La cuestión es que esas pequeñas cosas de las que hablaba te hacen llevar una sonrisa puesta todo lo que queda de día, te arreglan otros desastrosos o, simplemente, te hacen ser un poquito más feliz. Y es que ayer, después de arrastrar un maldito dolor de cabeza que me oprimía el cerebro, de seguir arrastrando las consecuencias de que se amorren contra mi coche y después de dar dos mil vueltas con mi coche-cassette… me coronaste el día. Sin más. Y es que el factor sorpresa tiene mucho peso en las pequeñas cosas. Me dejaste con esa sensación de que tú y yo seguimos formando parte de lo mismo. Y es que aún hoy, después de tanto vivido (como tú dices), esas pequeñas cosas nos hacen sentir que todo sigue igual… Y eso, para nosotros, es una muy buena señal... además de nuestro asunto pendiente.

Audio: Ben Lee - Love me like the world is ending

1 comentario:

Anónimo dijo...

probando...