Ocasiones perdidas (o ganadas)
Muchas veces me he preguntado que hubiera sido de mí si, en vez de tomar las decisiones que me han hecho llegar hasta aquí, hubiera elegido las otras, las que descarté. Tan simple como un sí o no. Tan “simple” como dejar el orgullo y el miedo a un lado. Los miedos… ¡Qué jodidos son los miedos! Los hay de todos los tipos. Miedo a estar solo, a no estar a la altura, a enamorase, a caer, a no levantarse, a herirse, miedo a tener miedo… Hasta la cosa más insignificante puede causarte un miedo horrible.
En muchas ocasiones he intentado jugar con esas decisiones que no tomé. Con ellas y con las consecuencias que podrían venir después. He pensado que hubiera sido si aquella noche de hace un par de años la de la llamada hubiera sido yo, si no hubiera dejado a A, si no hubiera respondido a las llamadas de D, si hubiera hecho las cosas “mejor” con el primero, si hubiera acabado antes con aquella hartura que me traía de cabeza, si mi historia con T hubiera ocurrido igual aunque no hubiera aceptado aquella cita, si me hubiera ido definitivamente a Valencia, si hubiera optado por no arreglar ciertas amistades o si no hubiera dado segundas oportunidades, ni me las hubieran dado a mí. Muchas veces actué con miedo, me detuve por miedo, y dejé pasar el tiempo por eso mismo, miedo, sin saber que finalmente sería lo que destruiría muchas cosas.
Qué jodidos son a veces, ¿verdad? Pero todos sabemos que la solución no es escapar. De más está decir que debemos aprender a gestionarlos y poder salir de ellos sin que esto nos lleve a la desesperación. Pero ante cualquier miedo provocado por una situación pasada lo mejor no es resignarse, la mejor forma de limpiarse no es restregándose en el fango. Por eso mismo y como en ¿Quién se ha llevado mi queso? buscaré otro banco de queso que consiga aportarme lo que en tiempo pasado mi queso viejo me daba; porque sólo si se deja a un lado el queso viejo, puedes entonces estar preparado para buscar un nuevo queso y ante todo, poder disfrutarlo como si fuera la primera vez que lo pruebas, saboreando ese buen gusto que tienen los principios.
Audio: Snow Patrol - Run
En muchas ocasiones he intentado jugar con esas decisiones que no tomé. Con ellas y con las consecuencias que podrían venir después. He pensado que hubiera sido si aquella noche de hace un par de años la de la llamada hubiera sido yo, si no hubiera dejado a A, si no hubiera respondido a las llamadas de D, si hubiera hecho las cosas “mejor” con el primero, si hubiera acabado antes con aquella hartura que me traía de cabeza, si mi historia con T hubiera ocurrido igual aunque no hubiera aceptado aquella cita, si me hubiera ido definitivamente a Valencia, si hubiera optado por no arreglar ciertas amistades o si no hubiera dado segundas oportunidades, ni me las hubieran dado a mí. Muchas veces actué con miedo, me detuve por miedo, y dejé pasar el tiempo por eso mismo, miedo, sin saber que finalmente sería lo que destruiría muchas cosas.
Qué jodidos son a veces, ¿verdad? Pero todos sabemos que la solución no es escapar. De más está decir que debemos aprender a gestionarlos y poder salir de ellos sin que esto nos lleve a la desesperación. Pero ante cualquier miedo provocado por una situación pasada lo mejor no es resignarse, la mejor forma de limpiarse no es restregándose en el fango. Por eso mismo y como en ¿Quién se ha llevado mi queso? buscaré otro banco de queso que consiga aportarme lo que en tiempo pasado mi queso viejo me daba; porque sólo si se deja a un lado el queso viejo, puedes entonces estar preparado para buscar un nuevo queso y ante todo, poder disfrutarlo como si fuera la primera vez que lo pruebas, saboreando ese buen gusto que tienen los principios.
Audio: Snow Patrol - Run