7 de abril de 2008

Extremadamente extremo

Quiero un extreme de fresa. ¡Mierda! No hay. Marina echa su dinero para uno de brownie. Plom, plom. ¿Dos golpes? ¿Dos cajitas caen de la máquina? No puede ser. No sólo la maquina expendedora nos regala un helado por la cara, sino que además es mi preferido. ¿Cómo coño se le llama a eso? ¿Casualidad de estar en el lugar y en el momento adecuado? ¿Un premio para mí, la niña de escote corazón? Joder, y qué bien sienta un heladito a esas horas, y de esa manera. Y más aún después de una tanda de masajes mortales para arreglar los nudos de la espalda, que a este paso son nudos marineros. Y después de correr de arriba para abajo para encontrar una copistería, papelería o imprenta donde pudieran imprimirme un trabajo en cartón de menos de 1.5 mm. Quizá podrías haberme ayudado tú. Seguro. Pero no estás. Por ahora no. Pero todo tiene su recompensa, lo de volverme loca con la impresión digo. He quedado la segunda en un mini concurso de diseño de entre más de 60 personas. Y eso, junto con el helado y lo relajada que te dejan unos buenos masajes, hace que mi lunes esté nominado para ser el mejor día de la semana. Aún así, hay algo que podría superarlo. Y tú y yo sabemos perfectamente qué es…


Audio: Alis - Resérvame el mejor abrazo