26 de febrero de 2008

Nuestro sino

Es difícil ponerse en el lado del otro, y comprenderlo, mucho más difícil aún. A veces, en mi obsesiva intención de entenderlo todo, pego un salto fuera de la realidad. Intento ver las cosas como si fuera una niña que juega con sus muñecos de trapo. Sin maldad, sin buenos ni malos. Intento ser lo más objetiva posible y entender, que aunque crea saber de donde proviene la verdad, hay otras “miles de verdades” posibles, tantas como puntos de vista. Las falsas realidades, ya sabes. Consigo entender algo más o al menos reafirmarme en mis teorías y eliminar las pequeñas dudas que siempre generan un mal sabor de boca. Mis enemigos ganan puntos y se acercan, tanto, tanto, que parece que se cambian los papeles. Se ponen frente a mí y me retan.

Tú eres uno de ellos. Te acercas tanto que me haces temblar. Temblar y temerte. Y te busco, y te encuentro. Como otras tantas veces. ¿Y si te quedas? Te irás. ¿Y si te pierdo? Acabarás por volver. Es nuestro sino. Como cuando apareces diciendo que no. “No” no es una respuesta, te digo. “No” es mi manera de quererte. Y entonces creo entenderlo todo…

Audio: Stereophonics - Lady Luck

18 de febrero de 2008

Pongamos que hablo de Madrid

Cojo mi maleta a las 8.47 dirección estación Elche parque. Viaje en cercanías hacía Alicante, tirando de una maleta que pesa menos que siempre pero que esta vez parece que pesa más que nunca. Mi cuello no me da ventaja. Es el resultado de que una tía loca y llena de sin razón se amorre contra tu coche, te reviente una rueda y te envíe en medio de una rotonda con su consiguiente patinaje. Aunque en un instante te ves casi muerta, ya se sabe que bicho malo nunca muere. Aún así mi peripecia al volante la contaré en otro momento.

Pasar por donde hace unos años cientos de personas corrían buscando una salida pone los pelos de punta. Salgo cuanto antes de los pasillos de Atocha, con un guía telefónico (gracias, gracias, gracias) y arrastrando una maleta donde parecía llevar piedras.

Muchos dicen de Madrid que no es tanto como parece, otros que hay ciudades más bonitas y otros, que Madrid es la ciudad donde tienes de todo, tanto bueno como malo. Yo me quedo con que en Madrid me sentí como en casa, en pocos días. Hay que tener en cuenta que yo soy muy de asfalto, y que me gusta la tranquilidad buscada. Quizá por eso me haya gustado tanto. Madrid tiene movimiento por todos los lados, gustos para todos los colores y terrazas donde me faltó un cigarro y un café para sentirme como Ana… esperando a Otto.

Madrid tiene algo que engancha. Quizá sean sus grandes avenidas, El Retiro, o las miles de ofertas culturales que te ofrece. Pero si algo tiene Madrid que no he reconocido aún en ningún otro sitio es Fuencarral, donde me sentí como una niña con zapatos nuevos (nunca mejor dicho). Aquello es increíble, una calle repleta de tiendas cada dos pasos, muchísima gente joven, cada uno a su aire. El Mercado de Fuencarral que es como una cajita de sorpresas. Tiendas diminutas donde encuentras de todo. Un sitio alternativo, colorido, original… Mi nuevo paraíso.

Así que, como no hay mal que por bien no venga, espero que mi gran contractura muscular (que hace que casi me parezca al Jorobado de Notre Dame, pero sólo casi) sea el preludio de un sinfín de buenas cosas que ha empezado con Madrid y que espero que siga en un futuro con un pisito en Fuencarral, con un balconcito lleno de flores y un hombre (como el que me vendió los zapatos) que me dé calor. Amén.



Audio: Los Planetas - De via
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